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Cuando éramos niños,
nos encantaba pintar en cualquier sitio incluso en aquellos que
no debíamos, como las paredes, los manteles, los libros,
las mesas, en fin, en todas partes. Y lo hacíamos sin miedo
a nada, aunque nos reprendieran.
¿A qué tenemos miedo? ¿por qué no nos
atrevemos? ¿ y si llevamos dentro un genio artístico
y no lo desarrollamos por no atrevernos a empezar? Y aunque no seamos
ningún genio, ¿por qué no vamos a disfrutar
pintando o dibujando? ¿Cómo? ¿Qué es
muy difícil? ….
Voy a contarles la forma de empezar a pintar y verán que
es sencillo sin ninguna complicación:
Lo primero de todo serán los colores, sin ellos nada podemos
hacer. Ahora todo es muy sencillo, no tenemos que fabricarlos nosotros
como se hacía antes, bastará con comprarlos.
Tampoco necesitamos un montón de colores. En realidad, nos
basta con tres colores: rojo, amarillo y azul. Estos son los llamados
primarios, pues de la mezcla de ellos salen los demás.
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Claro que, cuando te enseñen
la carta de colores, te vas a sorprender con tantos como hay, pero
nosotros solo vamos a usar:
-Rojo
-Amarillo
-Azul
Cuando tengas práctica, podrás experimentar con otros
rojos, azules o amarillos diferentes hasta que encuentres los que
realmente te gustan.
Necesitamos también un blanco para aclarar, un tamaño
grande es lo ideal porque usaremos más cantidad de blanco
que de los colores primarios y un negro para oscurecer tamaño
pequeño.
La escala acromática se denomina así porque carece
de todo rastro de color y por lo tanto no se encuentra en la rueda
de los colores. Esta escala describe la gradación del blanco
al negro pasando por el gris.
Si mezclas pigmento negro con blanco en distintas proporciones,
el resultado será una serie de grises.
Dora Sánchez Rivero
Prof. de Dibujo y Pintura, artista plástica y diseño
multimedia.
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