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Fuente:
LA NACION
Silvina Premat
Lunes 26 de febrero de 2007
Fachadas, cúpulas y vitrales son refaccionados con fondos,
en su mayoría, de carácter privado
Las viejas iglesias del microcentro porteño están
renovando su rostro. Fachadas, cúpulas y vitrales están
en camino de recuperar el brillo y las características que
condujeron a muchas de ellas a ser consideradas monumentos históricos
nacionales.
Por
estos días, los porteños que frecuentan el microcentro
se encuentran con andamios, restauradores o albañiles en
Nuestra Señora de la Merced, Santa Catalina de Siena, San
Miguel Arcángel, San Ignacio, el Salvador, el Santísimo
Sacramento, San Francisco y San Pedro Telmo, entre otras iglesias.
Todas siguen el ejemplo de la Catedral metropolitana, que reparó
fachada e interiores hace unos cinco años, y a la que imitaron
las iglesias de la Piedad y Nuestra Señora del Pilar. Las
obras representan una puesta en valor de edificios que forman parte
del patrimonio arquitectónico de la ciudad y que pueden ser
apreciados por los porteños con sólo alzar la mirada.
Según
los párrocos de las iglesias en obra, consultados por LA
NACION, los trabajos se pagan en gran parte con fondos de arcas
privadas cuyos titulares permanecen en el anonimato y, en menor
medida, con aportes oficiales. El Estado ayuda, pero poco.
Quien
pase por Reconquista y Perón, se topará con un templo
que hasta hace poco se escondía detrás de andamios
y medias sombras negras. La basílica Nuestra Señora
de la Merced estuvo durante cinco años prácticamente
tapada por las estructuras metálicas de las obras que comenzó
la Dirección Nacional de Arquitectura y que se paralizaron
en 2001.
Tarea
terminada
"Esos
andamios quedaron allí juntando polvo y los pedazos de mampostería
se desprendían", contó monseñor Eugenio
Guasta, párroco de la Merced desde hace 14 años, que
presentó varios reclamos ante la Dirección de Arquitectura,
a la que ahora está muy agradecido. A mediados del año
pasado, los funcionarios de esa dependencia de la Secretaría
de Cultura de la Nación destrabaron las gestiones y en seis
meses se concluyeron los trabajos.
Guasta
muestra a este diario que, además de la fachada -que luce
impecables muros color ocre, mosaicos y rejas nuevas muy parecidas
a las que tenía cuando fue inaugurada en 1880-, se renovó
la casa parroquial y el sistema de iluminación; hoy se trabaja
en la renovación de la bóveda y el exterior de la
cúpula. Esas obras son financiadas con ayudas otorgadas por
donaciones de empresas, particulares y una entidad estadounidense
(el World Monument Fund). En carpeta queda la reparación
interna de la torre, obra que permitiría volver a oír
las cuatro campanas originales de la basílica. Hoy funciona
sólo una.
A
cinco cuadras de allí, en Santa Catalina de Siena -frente
a Galerías Pacífico, en la esquina de Viamonte y San
Martín- se estrenó hace pocas semanas la sacristía
totalmente restaurada. En ese conjunto arquitectónico de
1745, donde hasta 1974 funcionó el primer monasterio femenino
de Buenos Aires -el de las dominicas-, las obras de recuperación
más importantes empezaron en 2001, gracias a las gestiones
de su rector, el padre Rafael Braun.
Ahora,
los retoques alcanzaron a la sacristía y a uno de los ocho
vitrales del templo. Según informó el padre Braun,
esas obras son y fueron financiadas casi en su totalidad por fondos
privados. "El Estado ayudó con un subsidio de 50.000
pesos para reparar una puerta sobre calle San Martín que
estaba muy deteriorada", contó, y destacó la
importancia de que las restauraciones sean hechas por profesionales.
"En los trabajos de la sacristía se descubrió
un nicho, una lucarna y una puerta que permanecían tapiados",
dijo.
A
escasos metros de la Plaza de Mayo, la primera iglesia de la ciudad,
San Ignacio, sigue apuntalada con una línea de andamios que
impide el tránsito vehicular. Fueron instalados hace dos
años. El padre Francisco Baigorria, su párroco, es
optimista. En diálogo con LA NACION, dijo que luego de Semana
Santa comenzarán los arreglos en el altar y que se está
terminando el tercer estudio de evaluación estructural realizado
por la Dirección Nacional de Arquitectura (pues los representantes
de la Iglesia no estuvieron conformes con los dos primeros). "Más
rápido no podemos ir", dijo Baigorria. Afuera, sobre
la puerta de la casa parroquial, un cartel señala que es
el Señor quien restaura las fuerzas.
Fines
religiosos
La
restauración que se está haciendo en estas iglesias
es producto de un esfuerzo enorme de los privados, según
dijo a este diario Eduardo Ellis, arquitecto de algunas de las obras
en los templos del microcentro. "A diferencia de otros países,
que convierten estos lugares en museos, aquí se restaura
con un fin religioso específico", dijo.
Según
Guasta, responsable en la Arquidiócesis de Buenos Aires de
la conservación y mantenimiento del patrimonio histórico-religioso,
que fue asesor de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos
y Lugares Históricos, la intención de conservar los
edificios histórico-religiosos dejó de ser un berretín
de algunos para convertirse en una preocupación compartida.
"Es incesante el llamamiento desde Roma para que se valorice
el patrimonio cultural de la Iglesia -señaló Guasta-.
Hay una especie de despertar de esa conciencia, aunque estuvimos
años sin poder hacer nada." La dificultad, claro, fue
la financiación.
Los
templos porteños que son monumentos históricos nacionales
-15 de los 884 sitios protegidos- son responsabilidad de la Comisión
Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, que
tiene voz, pero no dinero, y depende del presupuesto de la Dirección
Nacional de Arquitectura.
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